RUTA
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Asalo,
O Miñón, O Barreiro, A Costa, Fuso da Moura, Campo da Costa, O
Salgueiral, Campo das Lamas, A Matanza, A Barreira, As Portelas,
Punta Nariga.
Recorrido:
5 km. (ida)
Duración: 3 h. (ida y vuelta)
Recomendable: a pie, en bicicleta, en coche; cualquier
época del año.
Os
verdes anos primeiros
foxen como o vento soán,
do esquivo cabo Nariga
antre o espeso matorral.
(Eduardo
Pondal)
Asalo,
lugar de la parroquia de Mens, marca el inicio de este camino
hacia un monte mítico: el Nariga.
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| Valle
de la aldea de Mens desde A Costa / X.M. Varela |
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Esta
aldea se agrupa en barrios, en los que las casas rurales más poderosas
se cercan de altos muros de piedra. Del buen gusto por la construcción
de antaño nos habla alguna casa con corredor en la fachada. El
río de Asalo, que atraviesa el lugar polo lado Sur para morir
en el regato de Bardaio próximo a de las Torres de Mens, transcurre
entre hórreos y cercas. Sus aguas ponen gotas de melodía y guían
nuestro transitar hacia O Miñón, mientras en las pequeñas praderas
las abejas enriquecen los panales guardados en casetas de colmenas.
El
Miñón, a medio camino entre los valles agrícolas y el bosque,
es otro agrupamiento de casas que espera los rayos del amanecer
sobre los tejados de Asalo. Tras el bosque, conformado fundamentalmente
de pinos, un valle fértil y agrícola que se extiende bajo las
laderas de la Costa. En palabras del viajero Luís Rei Núñez, "a
pista que haberá que tomar parece unha pel de elefante ancián,
fendida polo clima, e nas súas beiras medra o estalote". En la
Mina de Xuares, una caseta de agra es muestra más que suficiente
para hablarnos de las duraderas tareas agrícolas: en ella se guardarían
utensilios de labranza que cada madrugada labraban toda la superficie
del valle. En el final del valle, O Barreiro, con las madrigueras
de los zorros, enseña las paredes de donde se ha extraído el barro
para levantar todas y cada una de las casas de la parroquia.
La
Costa, monte abierto y de propiedad comunal en el que se levantó
el nuevo cementerio, se ofrece con sus rampas hasta alcanzar los
159 m de altitud. Desde aquí observamos casi todas las tierras
bajas de Bergantiños en valles escondidos entre bosques. A nuestros
pies la parroquia de Mens en la que destaca la silueta de las
Torres. A la izquierda Monte de Beo, Sisargas, la villa de Malpica
entre las alturas de la Atalaia y Pedra Queimada, aldeas y lugares
como Seaia, Pontella, Beo, Barizo, Seixas, Cerqueda. A la derecha,
al otro lado de los pinares y de las llanuras de maíz, tierras
de Ponteceso y Carballo.
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Cabeza
de Can / X.M. Varela
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Estamos
en el Monte Nariga, en otra hora pasto de ganado, lugar de colmenas,
coto de caza, zona de roza de centeno y abundante productor de
tojo. Según el toponimista Fernando Cabeza, Nariga significa lugar
con forma de nariz. Hoy, rechazado su uso agrícola, recoge los
vientos del nordeste para convertirlo en energía eléctrica y por
sus pistas, levantadas sobre los suelos de milenarios caminos
nos acercaremos a un espacio de leyenda: al Fuso da Moura.
El
Fuso da Moura se encuentra al pie de un punto geodésico que, situado
en el monte de Asalo (222 m), delimita los ayuntamientos de Malpica
y Ponteceso. Es un espacio de leyendas que habla de cuevas con
tesoros, pero, sobre todo, lugar donde fueron enterrados nuestros
antepasados. Está registrado como uno de los cuatro restos arqueológicos
encontrados en el monte Nariga; la leyenda nos cuenta que su primitivo
marco de piedra era el uso con el que hilaba la mora.
Tras
este vértice delimitador de municipios, por el Campo da Costa,
andamos por un camino. Las ruedas de carro se gravan en el suelo
de piedra. Característico de la Costa da Morte, se esparcen hasta
cabo Nariga el tojo bajo, castigados pinares por el viento y debilidad
del suelo, omnipresentes eucaliptos, campos de helechos, brezos
y algún que otro sauce que bebe en los pequeños riachuelos.
Culebras
y lagartos, cuervos y urracas, cernícalos y caza menor (perdices,
conejos, becacinas y zorros) pueblan estos parajes. La liebre
ha desertado hace tiempo. Hoy toda este área es coto reservado
de caza en el que la Sociedad de Caza y Tiro San Miro repobla
las comunidades de perdices y conejos que son fáciles de observar
en la caída de la tarde con su par de orejas levantadas.
Después
de O Salgueiral y tras O Campo das Lamas, O Campo da Ermida o
Campo da Matanza. En el mismo entorno O Campo da Matanza, lugar
donde yace un castro y donde recientemente fueron encontradas
varias puntas de lanza. Una fuente que, rodeada de vegetación,
mana de un terreno húmedo. Caminando por la orilla del agua nos
acercaríamos a los restos de la humilde capilla de San Nicolás,
citada en las Memorias del Arzobispado de Santiago por Jerónimo
del Hoyo.
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| En
la proa del Faro Nariga / X.M. Varela |
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Tras
descender por A Barreira, vigilados por grandes piedras, observamos
como el chocar del viento nordeste y vendaval, junto con el golpeo
devastador de la lluvia, han ido modelando con el paso del tiempo,
mayormente en la zona de ribera, curiosas siluetas pétreas. Invitamos
al viajero a descubrir un elefante de larga trompa, un perro con
boina, la forma de un oso o de una tortuga. Cerca del faro, grita
una bruja con cara de anciana. Las tazas o pilas se convierten
en fuentes de gaviotas y cuervos.
En
el final del trayecto, una esfinge de piedra y luz que supuso
la definitiva modernización en el campo de la señalización marítima
de Galicia. Desde finales de 1997, los navegantes de la Costa
da Morte tienen como referencia el Faro Nariga, que pueden ver
a más de once millas entre Corme y Malpica. Faro Nariga, granito
que César Portela dominó para integrar en la naturaleza que ocupa.
Como mascarón de proa, un atlante del escultor Manolo Coia que
nos eleva hacia la inmensidad.
A la izquierda
del faro, Brantuas y Roncudo. Al otro, el pecho rocoso de las
Sisargas. Tras el horizonte marítimo esperan nuestra mirada habitantes
de Boston. Aquí, uno se puede peinar con el viento mientras observa,
al atardecer, como se sumerge el Sol.

| Faro
Nariga / X.M. Varela |
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non
preguntés por qué causa
o fero mar desfigura,
co eterno e duro combate,
de Nariga a ruda punta.
(Eduardo Pondal)
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