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RUTA 11
De Asalo al faro Nariga.

Asalo, O Miñón, O Barreiro, A Costa, Fuso da Moura, Campo da Costa, O Salgueiral, Campo das Lamas, A Matanza, A Barreira, As Portelas, Punta Nariga.

Recorrido: 5 km. (ida)
Duración: 3 h. (ida y vuelta)
Recomendable: a pie, en bicicleta, en coche; cualquier época del año.

Os verdes anos primeiros
foxen como o vento soán,
do esquivo cabo Nariga
antre o espeso matorral.

(Eduardo Pondal)

Asalo, lugar de la parroquia de Mens, marca el inicio de este camino hacia un monte mítico: el Nariga.

 

Valle de la aldea de Mens desde A Costa / X.M. Varela

Esta aldea se agrupa en barrios, en los que las casas rurales más poderosas se cercan de altos muros de piedra. Del buen gusto por la construcción de antaño nos habla alguna casa con corredor en la fachada. El río de Asalo, que atraviesa el lugar polo lado Sur para morir en el regato de Bardaio próximo a de las Torres de Mens, transcurre entre hórreos y cercas. Sus aguas ponen gotas de melodía y guían nuestro transitar hacia O Miñón, mientras en las pequeñas praderas las abejas enriquecen los panales guardados en casetas de colmenas.

El Miñón, a medio camino entre los valles agrícolas y el bosque, es otro agrupamiento de casas que espera los rayos del amanecer sobre los tejados de Asalo. Tras el bosque, conformado fundamentalmente de pinos, un valle fértil y agrícola que se extiende bajo las laderas de la Costa. En palabras del viajero Luís Rei Núñez, "a pista que haberá que tomar parece unha pel de elefante ancián, fendida polo clima, e nas súas beiras medra o estalote". En la Mina de Xuares, una caseta de agra es muestra más que suficiente para hablarnos de las duraderas tareas agrícolas: en ella se guardarían utensilios de labranza que cada madrugada labraban toda la superficie del valle. En el final del valle, O Barreiro, con las madrigueras de los zorros, enseña las paredes de donde se ha extraído el barro para levantar todas y cada una de las casas de la parroquia.

La Costa, monte abierto y de propiedad comunal en el que se levantó el nuevo cementerio, se ofrece con sus rampas hasta alcanzar los 159 m de altitud. Desde aquí observamos casi todas las tierras bajas de Bergantiños en valles escondidos entre bosques. A nuestros pies la parroquia de Mens en la que destaca la silueta de las Torres. A la izquierda Monte de Beo, Sisargas, la villa de Malpica entre las alturas de la Atalaia y Pedra Queimada, aldeas y lugares como Seaia, Pontella, Beo, Barizo, Seixas, Cerqueda. A la derecha, al otro lado de los pinares y de las llanuras de maíz, tierras de Ponteceso y Carballo.

Cabeza de Can / X.M. Varela

Estamos en el Monte Nariga, en otra hora pasto de ganado, lugar de colmenas, coto de caza, zona de roza de centeno y abundante productor de tojo. Según el toponimista Fernando Cabeza, Nariga significa lugar con forma de nariz. Hoy, rechazado su uso agrícola, recoge los vientos del nordeste para convertirlo en energía eléctrica y por sus pistas, levantadas sobre los suelos de milenarios caminos nos acercaremos a un espacio de leyenda: al Fuso da Moura.

El Fuso da Moura se encuentra al pie de un punto geodésico que, situado en el monte de Asalo (222 m), delimita los ayuntamientos de Malpica y Ponteceso. Es un espacio de leyendas que habla de cuevas con tesoros, pero, sobre todo, lugar donde fueron enterrados nuestros antepasados. Está registrado como uno de los cuatro restos arqueológicos encontrados en el monte Nariga; la leyenda nos cuenta que su primitivo marco de piedra era el uso con el que hilaba la mora.

Tras este vértice delimitador de municipios, por el Campo da Costa, andamos por un camino. Las ruedas de carro se gravan en el suelo de piedra. Característico de la Costa da Morte, se esparcen hasta cabo Nariga el tojo bajo, castigados pinares por el viento y debilidad del suelo, omnipresentes eucaliptos, campos de helechos, brezos y algún que otro sauce que bebe en los pequeños riachuelos.

Culebras y lagartos, cuervos y urracas, cernícalos y caza menor (perdices, conejos, becacinas y zorros) pueblan estos parajes. La liebre ha desertado hace tiempo. Hoy toda este área es coto reservado de caza en el que la Sociedad de Caza y Tiro San Miro repobla las comunidades de perdices y conejos que son fáciles de observar en la caída de la tarde con su par de orejas levantadas.

Después de O Salgueiral y tras O Campo das Lamas, O Campo da Ermida o Campo da Matanza. En el mismo entorno O Campo da Matanza, lugar donde yace un castro y donde recientemente fueron encontradas varias puntas de lanza. Una fuente que, rodeada de vegetación, mana de un terreno húmedo. Caminando por la orilla del agua nos acercaríamos a los restos de la humilde capilla de San Nicolás, citada en las Memorias del Arzobispado de Santiago por Jerónimo del Hoyo.

En la proa del Faro Nariga / X.M. Varela

Tras descender por A Barreira, vigilados por grandes piedras, observamos como el chocar del viento nordeste y vendaval, junto con el golpeo devastador de la lluvia, han ido modelando con el paso del tiempo, mayormente en la zona de ribera, curiosas siluetas pétreas. Invitamos al viajero a descubrir un elefante de larga trompa, un perro con boina, la forma de un oso o de una tortuga. Cerca del faro, grita una bruja con cara de anciana. Las tazas o pilas se convierten en fuentes de gaviotas y cuervos.

En el final del trayecto, una esfinge de piedra y luz que supuso la definitiva modernización en el campo de la señalización marítima de Galicia. Desde finales de 1997, los navegantes de la Costa da Morte tienen como referencia el Faro Nariga, que pueden ver a más de once millas entre Corme y Malpica. Faro Nariga, granito que César Portela dominó para integrar en la naturaleza que ocupa. Como mascarón de proa, un atlante del escultor Manolo Coia que nos eleva hacia la inmensidad.

A la izquierda del faro, Brantuas y Roncudo. Al otro, el pecho rocoso de las Sisargas. Tras el horizonte marítimo esperan nuestra mirada habitantes de Boston. Aquí, uno se puede peinar con el viento mientras observa, al atardecer, como se sumerge el Sol.


Faro Nariga / X.M. Varela

non preguntés por qué causa
o fero mar desfigura,
co eterno e duro combate,
de Nariga a ruda punta.

(Eduardo Pondal)

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